Felipe Martínez

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Hablando sobre Corrección de Color con Raúl Fernández Ballester: Colorista y Editor

 
 Fotografía tomada del Facebook de Raúl.

Fotografía tomada del Facebook de Raúl.

 
También es verdad que hay demasiado ruido tecnológico. No pretendo decir que no se deba hablar de ello sino que quizá se hace en exceso.

– Raúl Fernández Ballester, Colorista y Editor

 

Raúl es Licenciado en Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona y cuenta con una especialidad en Montaje Cinematográfico de la Escuela de Cine de Madrid (ECAM). Hace algunos años llegó a México en donde continuó su carrera como editor y colorista junior en Ares Producciones para luego pasar a Mapa Post como colorista senior. Actualmente trabaja como colorista y editor freelance en spots comerciales, video clips y largometrajes. En publicidad destacan sus trabajos para marcas líderes, entre ellas L'Oréal, Suzuki, Burger King, Coffee Mate, Activia, Chevrolet y Metlife. Desde 2017 se unió al grupo de profesionales independientes que colaboran con We Make Color en donde ha tenido la oportunidad de trabajar en proyectos diversos como el spot de Petro Seven para el Mundial de Rusia 2018, el video clip "Me Dejé Llevar" de Christian Nodal y dos cortometrajes colombianos ganadores de los estímulos para la producción de Medellín, Colombia.

En esta entrevista Raúl nos cuenta cómo fue que llegó a ser colorista audiovisual y nos comparte sus puntos de vista sobre el estado actual de la profesión, la relación colorista / director de fotografía y la importancia que tiene su lado como editor. 

 
 

Felipe Martínez: ¿Cómo llegaste a ser colorista?

Raúl F. Ballester: La primera vez que oí hablar del etalonaje, que es como en España se le llama a la corrección de color, fue en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM). Desde el principio me llamó la atención. No existía ninguna formación de colorista ni mucho menos alguien que operase como tal en la escuela, así que éramos los editores quienes ajustábamos el color a partir de las indicaciones del director de fotografía. Por ese entonces -alrededor del año 2007- utilizábamos Avid Media Composer y Final Cut Pro. En México continué como editor pero tuvieron que pasar unos años hasta que empecé a trabajar en publicidad. Fue en una productora llamada Ares Producciones. Allí conocí a Víctor Bautista, un colorista de prestigio en el medio. Yo editaba y Víctor corregía. A mí me gustaba verlo trabajar y fue en esos días cuando me planteé seriamente ser colorista, pero me costó bastante arrancar, eso sí. Es muy diferente al trabajo de editor.

FM: Habiendo iniciado como editor antes de pasar a ser colorista ¿Cuál de los dos mundos prefieres?

Raúl: [¡Uy! risas] Me lo preguntan a menudo. Es una encrucijada difícil de resolver pero para mí ambas son absolutamente complementarias. Sí te diré que en la edición, para mi gusto, necesito una implicación emocional que en corrección de color no siempre se requiere, sobre todo en cine. Hay mucho más en juego en el proceso de edición que en el de corrección de color, eso es clarísimo. En corrección de color tomamos contacto con la piel, la textura e incluso la profundidad visual de una película, es una profesión muy bella, pero jamás una excelente corrección de color transformará un mal corto en uno bueno, por poner un ejemplo. Sin embargo la edición puede ayudar decisivamente en este aspecto. No en todos los casos, claro.

FM: ¿Te has planteado dejar la edición en algún momento para dedicarte al 100% al color?

Raúl: Es difícil renunciar a ser editor. Jamás podría negarme a editar un documental o un largometraje de ficción, pero es cierto que actualmente sí estoy dedicándole más tiempo y esfuerzos a mi labor como colorista.

FM: De repente aparece Blackmagic, compra Resolve, lanza una versión gratuita súper completa y lo cambia todo. ¿Qué tiene eso tanto de bueno como de malo?

Raúl: Es un proceso inevitable. Blackmagic no es el primero, Apple ya lo hizo con el primer Final Cut Pro y cambió el medio audiovisual. Hay miedo y reticencias por parte de algunos debido a sus implicaciones económicas. El mercado se fragmenta y el trabajo y la inversión se reparte entre más actores. Para los que inician y no tienen un respaldo económico millonario, DaVinci Resolve es una oportunidad. Para otros más veteranos, puede ser una lacra -y sus buenas razones tendrán- pero no se puede negar que la tendencia va en consonancia con la del resto del sector. Ahí está Baselight con su versión gratuita de estudiante, también Mistika. Son criaturas diferentes a DaVinci Resolve -posiblemente más limitadas y con estrategias comerciales distintas- pero indica que Blackmagic está marcando la pauta.

Al final creo que ni siquiera es tan grave. Para corregir color necesitas no solamente saber operar un software. Hay una formación técnica y artística que no se aprende de la noche a la mañana, ni siquiera de un año para otro. Por otro lado, también es responsabilidad de las productoras y de los clientes saber cuándo un colorista vale o no vale. El problema es que hay mucho desconocimiento todavía por parte del cliente sobre lo que es la corrección de color.

FM: ¿Qué se necesita para ser un buen colorista, para marcar diferencia?

Raúl: No diré nada nuevo. Practicar, bastantes años de experiencia y un alto nivel de auto-exigencia, aunque sin volverse obsesivo. Ser un buen colorista no sólo significa ser bueno en tu trabajo sino saber entablar una relación adecuada con el cliente: saber entender, por ejemplo, cuando no tiene ni idea de qué es la corrección de color y por tanto, saber presentar tu trabajo de una manera pedagógica. Hay clientes que no comprenden lo que has hecho si no les muestras un antes y después del ajuste de color. Es importante tratar de entender su terminología, que no es la misma que la tuya. A veces utilizan términos difusos y casi poéticos, como el otro día que me pidieron un “verde seco” para un determinado fondo. En un principio pensé que se refería a un verde amarillento, como una hoja que se seca, pero créeme que no era tan evidente.

FM: ¿Se puede marcar un estilo como colorista?

Raúl: Yo creo que no. Es un debate recurrente en el trabajo de color y edición. ¿Se puede tener un estilo propio como editor? ¿Y como colorista? Para mí es evidente que no. Nuestro trabajo está al servicio de una instancia mayor, que es la película o el comercial. Nuestro trabajo requiere sensibilidad estética, pero me parece falso arrogarse una particular caligrafía cromática.

Sí estoy más seguro es de que nuestro trabajo se presta a dejarse arrastrar por tendencias y modas visuales, los llamados “looks”, sobre todo en publicidad, que es el área más proclive a estilizaciones de este tipo, pero esto no responde al estilo del colorista sino al diseño del color que se requiere para el comercial. Además ¿cómo se podría definir claramente dónde empieza y termina el estilo de un colorista si jamás partimos de un lienzo en blanco? La materia visual de la que partimos es fruto de decisiones de otros departamentos: vestuario, arte y fotografía.

FM: ¿Qué tan frecuente es que los coloristas terminemos salvándole la vida al fotógrafo?

Raúl: Hay una gran cantidad de producciones indies en donde el colorista tiene un papel determinante. Frances Ha es una película que se grabó con una 5D de Canon y, de momento, es la única película que conozco en donde el colorista ostenta un crédito de inicio para él solo. La peli es en blanco y negro y, con más razón aún, me pregunté ¿qué tanto ha hecho el colorista? Poco tiempo después me encontré precisamente con un artículo sobre su trabajo y si te fijas en la transición que hay entre la imagen a color original de la Canon 5D y el blanco y negro denso y fílmico que acabó teniendo, comprendes todo.

 

Teaser, Largometraje “Lo Que Queda”

Spot Petro Seven

 

FM: ¿Qué tanto de artistas y qué tanto de técnicos tenemos los coloristas?

Raúl: Para mí es una simbiosis de ambas facetas. La corrección de color es más demandante tecnológicamente que la edición, sin duda. Una edición se ve exactamente igual en cualquier monitor; una corrección de color, no. A partir de ahí, se abre todo un abanico de conocimientos sobre calibración, tarjetas gráficas, LUTs, espacios de color, gammas, softwares, que es casi inabarcable.

También es verdad que hay demasiado ruido tecnológico. No pretendo decir que no se deba hablar de ello sino que quizá se hace en exceso. En el mundo anglosajón hay una cierta obsesión en este aspecto, en parte por razones de mercado: tienen que vender y muy rápido porque cada año hay novedades y la máquina de hacer dinero tiene que estar constantemente engrasada. Pero creo que los editores y coloristas también caemos en esa obsesión tecnológica porque es más sencillo hablar de eso que de algo más intangible como la edición y corrección de color.

Hablar sobre hasta qué punto los coloristas somos artistas implica, para empezar, reconocer que la autoría del color es compartida. Formamos parte de un proceso y probablemente somos más intérpretes visuales que autores. Podemos aducir que logramos hacer tratamientos del color que son imposibles de generar en el rodaje, pero es tomar un camino equivocado: no porque la corrección de un colorista sea más notoria o menos naturalista, tendrá más valor.

FM: Finalmente, ¿Cómo cobrar?

Raúl: Bueno, eso depende del proyecto definitivamente, si hablamos de publicidad, que es lo que hago todo el tiempo, cobro por hora. Tengo un rango de $45.00 USD a $80.00 USD, dependiendo de múltiples factores: nivel de producción, tipo de cámara, equipo propio o ajeno. Definitivamente hay ocasiones donde tienes que dar un precio fijo por proyecto. A veces incluso te lo dan ellos: “hay esto (o sea, hay así de poco): ¿lo tomas o lo dejas?"

 

Agradrezco a Raúl por su tiempo y por el profesionalismo que ha confirmado con creces cuando hemos compartido clientes y opiniones en los proyectos de We Make Color. Aprovecho para reseñar sus redes e información de contacto para que sigan su trabajo.

Sitio Web: colorista.es
Vimeo: vimeo.com/raulfballester
Instagram: instagram.com/colorista.es

 

 
 
Felipe Martinez